Bienvenidos a Semanario Analisis Digital
puntos
17/07/2017 -  tiempo  5' 14" - 526 Visitas Columna de opinión La política y la dura búsqueda de la felicidad
Click para Ampliar
El artículo que falta en la Carta Magna provincial.
El tema estuvo en mente de algunos convencionales constituyentes en 2008, encargados de reformar el estatuto madre de Entre Ríos, pero no se logró el consenso suficiente. Se trata de una cuestión que figura en constituciones de diversos países aunque no en nuestra Ley Suprema ni en la provincial. Se trata del “derecho a la búsqueda de la felicidad”, que con algunas diferencias que no modifican su esencia se ha venido incorporando al andamiaje jurídico-institucional de varias naciones. No se sabe qué impedimentos hubo para no aprovechar esta instancia reformadora largamente demorada y demandada por la ciudadanía entrerriana. Antecedentes sobran como también aportes argumentales. Un diputado provincial -como luego se verá- llegó a propiciar en tiempo y forma la incorporación de un sistema de enmiendas a la Constitución, pero su idea naufragó ante la carencia de suficiente adhesión. De haberse plasmado este avance, se hubiese dado un gran paso para mantener una Ley Madre siempre renovada y actualizada. En esta columna apelamos a documentación contundente que sostiene lo acertado de contar con semejante garantía que sólo los necios gobiernos se atreven a soslayar. Asimismo se aborda un asunto de innegable importancia, porque -como se verá- buscar la felicidad muy lejos está de ser algo insustancial. Vale la pena adentrarse en ello. Luis María Serroels
(Especial para ANÁLISIS DIGITAL)


Es imposible desarrollar el tema sin remitirnos a la figura de Thomas Jefferson, principal responsable de la enmienda que posibilitó incorporar a la Constitución de los Estados Unidos el derecho a la búsqueda de la felicidad, habiendo sido quien dio dar forma a la Declaración de los Derechos del Buen Pueblo, del Estado de Virginia (12 de junio de 1776), que precedió a la Declaración de la Independencia de Estados Unidos (4 de julio de 1776) que lo tuvo como principal redactor.

Entre el derecho innato a la vida y a la libertad, quien llegara a ser el tercer presidente de su país (1801-1809) propuso añadir el de “buscar y sostener la felicidad”. Tomó tres palabras del filósofo y médico inglés John Locke: vida, libertad y propiedad, aunque a esta última la reemplazó por “búsqueda de la felicidad”, como visión de los Derechos Humanos, donde representa la visión aristotélica de la plenitud del ser.

Pero también el valor de la felicidad se plasma en la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano del 26 de agosto de 1789, en cuyo Preámbulo los representantes del pueblo francés (constituidos en Asamblea Nacional) abordan el desprecio y el olvido de los derechos del hombre como única causal de los males públicos y consagran la búsqueda como un derecho que ha sido y es reconocido por varias constituciones.

En Brasil se debatió seria y fuertemente la incorporación de este derecho sosteniéndose que “son derechos esenciales para la búsqueda de la felicidad, la educación, la salud, la alimentación, el trabajo, la habitación, la seguridad, la providencia social, la protección a la maternidad y a la infancia, la asistencia a los desamparados en la forma de esta Constitución”.

Se lo consideraba un derecho inalienable del individuo. “Ello exige como condición esencial los derechos sociales”, dice Cristovam Buarque, ex ministro de Educación. Y explica que “los derechos sociales son algo abstracto para el individuo, pero el derecho a buscar la felicidad por medio de la educación comienza a interiorizar el derecho social”.

Insiste reafirmando que “no se propone el derecho a la felicidad, sino el derecho a buscarla por medio de la educación, la salud, la seguridad. Esto ayuda a la población a entender la importancia de esos derechos”. Y cierra su lúcida concepción enfatizando que “no es fácil buscar la felicidad cuando no se tiene dónde vivir, atención médica adecuada o un empleo que garantice un salario digno”.

Por su parte Luis Ernesto Aguirre, especialista en derechos humanos del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (Méjico), subraya que “la felicidad aparenta ser un término subjetivo, pero su búsqueda reconoce fundamentos objetivos”. Y agrega que “La felicidad es el respeto a la dignidad del cuerpo, la razón y la espiritualidad (…) en el marco legal, el derecho a la felicidad no es un fin en sí mismo, por el contrario, es una meta que conquista a través del cumplimiento de los derechos humanos”. Remata el catedrático expresando que tal derecho “es una garantía que deben promover los estados democráticos”. Naciones desarrolladas han incluido en sus preceptos superiores la defensa de este derecho.

En la Ley Suprema argentina se garantizan innumerables derechos pero no se los engloba taxativamente como instrumento para la búsqueda de la felicidad. En la reformada Constitución de Entre Ríos, el artículo 16º reza que “la provincia reconoce y garantiza a las personas el derecho a la vida y, en general, desde la concepción hasta la muerte digna. Nadie puede ser privado de ella arbitrariamente.”. Como se ve, ninguna mención sobre el derecho a la felicidad.

Decíamos en el encabezamiento que poco antes de comenzar a sesionar la Convención de 2008, hubo una iniciativa de incorporar un sistema de enmiendas. Su impulsor –en marzo de ese año- fue el entonces diputado provincial oficialista Daniel Bescos, pero lo hizo en calidad de ciudadano y como vía para corregir artículos de la Ley Madre entrerriana (para este tipo de iniciativas funcionaba una comisión ad-hoc).

Bescos indicaba que con dos tercios de los votos de ambas cámaras y posteriormente un plebiscito que legitime el flamante precepto, se podría modificar cada tres años (o enriquecer) un determinado artículo, sin necesidad de convocar a una convención. El texto incluía la previsión de un núcleo pétreo (la Sección de la Constitución que establece las Declaraciones, Derechos y Garantías no susceptible de ser modificada).

Opinó el legislador que “este mecanismo no es lesivo para la democracia sino todo lo contrario, porque será la población, en definitiva, la que legitime la enmienda, ya que se requiere el voto afirmativo de más del 50 por ciento del padrón”. ¡Cuántos privilegios y abusos se hubieran terminado y buenas ideas se hubieran plasmado sin enormes gastos y con espíritu abierto!

El caso de la familia echada a la calle de su vivienda de calle Churruarín habitada durante 30 años y destruida a martillazos –según los damnificados sin documentación- a su modo buscaban la felicidad, pero hoy, “viviendo” en la vereda en condiciones infrahumanas, ven que ello cada vez se aleja más.

Por ahora el derecho a la felicidad mal entendido sólo lo ejercen los funcionarios corruptos para llenar sus bolsillos y pasarla bien el resto de sus días sin que nadie –incluida la justicia- los moleste.

Hubo quienes sacrificaron la vida para darnos una gran patria y otros que sacrificaron la patria para darse una gran vida. A unos y otros todos los conocemos.
Enviar Imprimir
ULTIMA EDICIÓN
Destacadas
Deportes
Servicios
Envianos
tu noticia
Las mas leídas
Analisis Digital | Director | Denuncias | Contáctenos |  Pagina de Inicio |  Agregar a Favoritos |