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14/03/2018 -  tiempo  3' 6" - 881 Visitas Jugarán desde las 21.10, en Mendoza Fútbol: Boca-River, a todo o nada en la definición de la Supercopa
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El Boca-River promete un duelo cerrado y luchado en suelo mendocino.
Boca y River definirán la sexta edición de la Supercopa Argentina. La definición se tomó como un partido a todo o nada es por eso que ambos entrenadores, Guillermo Barros Schelottto y Marcelo Gallardo, no se guardarán nada y mandarán a la cancha lo mejor que tienen a disposición. La presencia entrerriana la aportará Paolo Goltz en el Auriazul, quien estará desde el arranque, en tanto que el conjunto de Núñez estará en el banco Milton Casco. Es de recordar que el Xeneize jugará la definición por ser el actual campeón de la Primera División, en tanto que el Millonario accedió a esta definición al ser el titular de la Copa Argentina 2017. El encuentro se jugará en el estadio Malvinas Argentinas, en Mendoza, comenzará a las 21.10, tendrá como árbitro a Patricio Loustau y se verá por Fox Sports Premium.
Hay un mandato futbolero que reza que “poco importan los antecedentes y la campaña de cada equipo antes de un clásico” y hay innumerables ejemplos que de que así es, pero en Mendoza la actualidad de Boca y River pesará y mucho en el campo de juego por el dispar presente de ambos.

Una cifra tiene mayor significado que el exceso de palabras y la misma es el 23, porque esa es la cantidad de puntos que separan a Boca (46) de River (23) en una Superliga que se encamina a un casi seguro festejo boquense.

Esa diferencia es un hierro candente en el corazón riverplatense. Observar la tabla de posiciones de la Superliga y ver a Boca como sólido líder y advertir a River 18º hasta lejos de la clasificación a las copas internacionales es una ignominia y por eso esta final le sienta mejor al Millonario.

Este River, lleno de dudas futbolísticas, bajos rendimientos y una moral liviana, espera esta definición como la posibilidad de salvar este pobrísimo presente, en donde sólo su participación en la Copa Libertadores le permite emerger de un denso sopor.

El triunfo a River no le permitirá salvar el año, pero para el DT Marcelo Gallardo y sus dirigidos ésta es la inmejorable chance de dar un giro de 360 grados a esta realidad que apenas les permitió gozar de tres victorias en las pasadas 16 fechas de la Superliga.

Por el lado de Boca, la final merece como mínimo el calificativo de “incómoda”. En las huestes Xeneizes todo es felicidad, los nubarrones son esporádicos, la única incógnita que parece asomar en el horizonte del equipo de Guillermo Barros Schelotto es la cantidad de fecha antes del final del certamen en que dará la vuelta olímpica.

Para este Boca triunfador, opulento, lleno de confianza, con escasas dudas tácticas, más allá de relevantes ausencias, como las de Fernando Gago y Darío Benedetto, este encontronazo con el rival de siempre es como una piedra en el zapato y sería una mayúscula mácula en este victorioso presente.

La derrota resultará cara para cualquiera. Será difícil de digerir el observar cómo el enemigo futbolístico levanta la copa entre los fuegos artificiales; pasará a ser una pesadilla que puede convertirse en un letal golpe al ciclo de Gallardo como DT riverplatense o a la dulce actualidad boquense. Algo es seguro: nada será igual tras el festejo de uno u otro.

Para Boca, no es misterioso y el Mellizo Barros Schelotto pondrá en cancha el mismo equipo que venció a Tigre en La Bombonera por la 19ª fecha de la Superliga, con un agónico gol de Leonardo Jara por 2 a 1.

Por el lado de River, la expectativa determinó que jugará en el certamen local con un equipo con suplentes ante Patronato (ganó 1-0 en Paraná) y que Gallardo ordenará una concentración del plantel en la localidad bonaerense de Los Cardales, a 70 kilómetros de Capital Federal.

Las dudas con respecto a la formación de River pasan por saber si en la zona media juega Ignacio Fernández o el colombiano Juan Quintero, mientras que en el ataque confirmar si el compañero de Lucas Pratto será Rodrigo Mora o Ignacio Scocco.

Esta será la segunda vez que Boca y River definen un título mano a mano. La otra ocasión fue en el Torneo Nacional de 1976, cuando en un riesgosamente repleto estadio de Racing (se estima que ingresaron más espectadores que los permitidos) los Xeneizes vencieron 1 a 0 con gol de Rubén Suñé, con un inolvidable tiro libre, una calurosa noche de un 22 de diciembre.

Por otra parte, si al cabo de los 90 minutos la final culmina igualada, el ganador de la Supercopa, que nunca pudo ser ganada ni por Boca ni por River pese a que ambos totalizan cuatro finales, se definirá con remates desde el punto penal.

Más de 1.500 personas, entre efectivos de la Policía mendocina, seguridad privada, Gendarmería Nacional y Policía Federal y del programa nacional Tribuna Segura, estarán afectadas al operativo de seguridad para este partido.
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