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17/05/2018 -  tiempo  8' 20" - 2230 Visitas Detalles escalofriantes de dos casos concretos Esclavas sexuales en Entre Ríos, una preocupante realidad
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Esclavas sexuales en Entre Ríos, una preocupante realidad.
En Entre Ríos la trata y explotación sexual de jóvenes y niñas es una realidad. Las mujeres son captadas en el norte del país, y en Entre Ríos y Santa Fe son golpeadas, drogadas y “ablandadas”. En el programa Cuestión de Fondo (Canal 9 Litoral), el abogado de una víctima de trata de personas y explotación sexual en Gualeguaychú, Alfredo Vitale, brindó detalles de lo que fue la causa y la forma en que dos hombres de 67 y 71 años captaron e intentaron vender a una pequeña de 12 años. Además, una de las víctimas del periodista Gustavo Alfonzo, hoy condenado a 10 años de prisión en Concordia por trata de personas contra una menor, contó detalles del calvario que vivió y cómo logró escapar de la red, que contaba con apoyo y protección en la Capital del Citrus. Las condenas fueron de siete años de prisión para José Cándido Manzanares, de 71 años, y de tres años y seis meses para Dardo Rubén Darío Campoamor, de 67 años.

El hecho por el cual fueron condenados se descubrió a la madrugada del 5 de diciembre de 2011. Los hombres viajaban a bordo de una camioneta Peugeot Partner e intentaron salir de la provincia por el puente Victoria-Rosario. Con ellos viajaba una joven de 16 años. En el juicio se descubrió una trama de explotación sexual que incluía a otras jóvenes de Gualeguaychú y el tribunal dio por probado que el viaje tenía como objeto prostituir a la menor en la localidad cordobesa de Laboulaye.

En declaraciones realizadas en el programa Cuestión de Fondo (Canal 9 Litoral) Vitale dijo que la situación “se sabía desde hace muchos años en Gualeguaychú pero surgió misteriosamente porque la chica que defiendo fue interceptada por personal de Gendarmería en el puente Victoria-Rosario cuando era trasladada por dos personas de la ciudad – José Manzanares y Dardo Campoamor que hoy se encuentran con condena firme y privados de la libertad- a la localidad de Laboulaye, en Córdoba, donde iba a ser vendida a un prostíbulo siendo menor de edad”.

“Si la Gendarmería no hubiera estado ese día haciendo ese control, hoy estaríamos en Gualeguaychú haciendo otra marcha por la aparición con vida de esa niña”, reflexionó.

Calificó de “repugnante” a la operatoria de esta banda que “buscaba niñas de condición social muy humilde” y especificó que la historia de su defendida “es muy triste”. A modo de ejemplo, contó que “al momento de realizar la Cámara Gesell con la menor en el Tribunal Federal Oral de Paraná donde se realizó el primer juicio contra estos dos imputados, una de las integrantes del Tribunal se retiró llorando del lugar porque es muy fuerte el relato. A la niña la capta Campoamor cuando tenía 12 años ofreciéndole un helado, porque ella nunca en su vida había tomado un helado y no sabía lo que era”.

“Este sinvergüenza se paró en una esquina y le ofreció el helado, abusó de ella sexualmente y luego se la vendió a Manzanares como si fuera que se vende un celular o un auto, y desde ese momento Manzanares la toma como su propiedad y junto a otras chicas menores –que surgen de otra causa que se ramifica con ésta- las hacían prostituirse con personas mayores de 60 años, muchos de Gualeguaychú, señores importantes en la sociedad, y otros que llegaban desde Buenos Aires. También las llevaban a Buenos Aires a pasar el día, a recaudar para ellos”, relató.

En cuanto al proceso judicial, el abogado indicó que “hubo un juicio donde Manzanares y Campoamor fueron condenados, luego hubo un juicio abreviado donde la condena importante que recibieron se suma a la primera y que deriva de otra causa por hechos contra otras cuatro niñas”.

Ante ello, resaltó “la fortaleza, la entereza, la honestidad que tuvo el Tribunal Federal Oral de Paraná, desde el fiscal (Ignacio) Candioti hasta los integrantes del tribunal, en defender a estas criaturas cuando en Gualeguaychú hubo muchos sectores importantes que decían que era todo mentira y que era una fabulación”.

También destacó “a la Cámara Federal de Casación donde el fallo confirma la sentencia de Paraná y donde claramente resalta que sobre estas criaturas hubo una violación a los derechos humanos, y remarcó que la Procuraduría General de la Nación se ocuparon en ese momento, se acercaron y ofrecieron su estructura para proteger a estas nenas”. Al respecto explicó que “para poder llevar adelante el delito de trata de personas, al igual que con la droga, se necesita una connivencia de sectores importantes: llámese poder político, policía, poder judicial, y tal es así que Gendarmería debió intervenir en varias oportunidades como custodia ya que se sabía que había miembros de la Policía que podían estar involucrados”.

Por otra parte, sostuvo que la contención a las víctimas “ha sido muy pobre” y explicitó que “en la provincia hay una Dirección de Ayuda a la Víctima a cargo de Marcia López con quien tengo muy buena relación porque ayudaron mucho pero que son como heroínas luchando una batalla que saben que van a perder porque están solas en Paraná y no tienen dependencias en el resto de la provincia ni presupuesto razonable para poder moverse en la provincia”.

Agregó que “desde la Municipalidad de Gualeguaychú, por pedido de la Dirección de Ayuda a la Víctima, se le ha dado a mi defendida una pequeña ayuda, que es ínfima, y ayuda psicológica”.

No obstante, lamentó que “contención como debería ser, no la hay porque no se toma dimensión de lo que es una víctima de trata, que en su mayoría sufren lo que se llama flashback que en ciertas ocasiones vuelven a revivir lo que les ocurrió”. “No es una cuestión psíquica o psicológica que afecta su libre albedrío, o su discernimiento; lo vuelven a revivir como si fuera real, en algunos casos ante las preguntas se paralizan o se desmayan porque es tal el daño que tienen adentro que incluso algunas no se animan a hablar”.

“Es lo mismo que pasa en los casos de abusos, como el de Gustavo Rivas en Gualeguaychú, donde es muy difícil lograr que las víctimas se animen a hablar”, comparó el abogado.
“Ante eso la contención es muy poca sobre el hecho consumado y en materia de prevención directamente no hay. No tenemos un Estado donde haya prevención de este tipo de delitos y lo que ocurrió en el puente Victoria-Rosario fue una casualidad; e incluso hay padres que venden a sus hijas”, lamentó.

“A raíz de esta causa informé que en Gualeguaychú esta gente organizaba turismo sexual, al mejor estilo de lo que sucede en Filipinas o en Asia, donde traían a gente de afuera y en verano le vendían el combo con entradas al Carnaval, alojamiento, pensión completa y el servicio de una nena de esta edad, lo cual para quienes somos padres es aberrante porque esa nena podría ser nuestra hija”, concluyó.

El horror en primera persona

Una de las víctimas de Gustavo Alfonzo contó que “tenía 15 años” cuando el entonces locutor concordiense la contactó “por Facebook” ofreciéndole trabajo. “Me citó en un lugar, me dijo que iba a empezar a trabajar ayudándolo a organizar eventos y desfiles, y por eso comencé a ir a su casa. Ahí comencé el infierno”, recordó.

“Me dijo que no iba a salir de ese lugar, que era una trampa y comenzó a insultarme y ahí seguí en ese lugar durante meses con la prostitución, el abuso, los golpes. Venían personas y él me explotaba sexualmente y psicológicamente, porque me decía que si me iba me mataba, o mataba a mi familia”, relató.

En ese marco, rememoró haber sufrido golpes constantemente: “Sufría muchos golpes. El primer día que llegue no me golpeó pero como empecé a gritar me escupió en la cara y me amenazó, pero después siempre me pegaba patadas en las piernas y los brazos. Incluso una de las chicas que conocía un poco más se dio cuenta una vez que el hematoma se me estaba pudriendo por dentro del golpe tan fuerte”.

“La primera noche fue terrible, lloraba a los gritos y pedía por mi mamá. Pero nos drogaba y junto a una chica que era su pareja, que era enfermera, nos drogaba y nos daba pastillas”, dijo.

Además, la joven contó que en varias oportunidades intentaron escapar: “Intentamos varias veces escaparnos, buscábamos los recursos pero estábamos tan controladas que dos veces nos agarraron. A las nueve chicas nos repartían en autos y camionetas y siempre íbamos acompañadas por personas que estaban con él. Al llegar al lugar había personas que habían pagado para tener sexo con nosotras, y él controlaba que nosotras cumpliéramos. Una noche nos llevaron a un lugar a trabajar de prostitutas, llegamos a correr menos de una cuadra y nos agarraron”.

“Había fiestas cerradas, fiestas vip a la que iba siempre las mismas personas y a las que no conocía. En el sector vip de los boliches nos llevaban y por noche estábamos con unas cuatro personas”, refirió.

“Otra vez que intenté escaparme fue en un boliche, con uno de los clientes que había estado conmigo y al que le pedí que me sacara, él lo intentó pero sólo llegamos a la puerta. Traté de pasar esos límites cuatro o cinco veces, la última vez traté de escaparme con una de las chicas y logramos correr unas dos cuadras y media y buscábamos un remise para irnos pensando que ya éramos libres, pero justo en la esquina apareció él en el auto, y atropelló a la chica y a mí me agarró de los pelos. Después de eso ya no intente más porque mi cuerpo no me daba más, no tenía fuerzas, estaba flaca porque no comíamos bien y las drogas me hacían muy mal”, relató.

“Un martes a mediodía, cuando mi hijo cumplió un año, logré llamar a mi mamá y le pedí que me sacara porque no daba más. No sé cómo llegaron al lugar solo sé que rastrearon el teléfono

Cuando el policía preguntó por mí, él me dejó salir pero me amenazó para que no dijera nada porque me mataba delante del policía. Sentía ganas de gritar pero aguanté el llanto hasta que subí al auto y ahí estaba mi mamá, cerró.
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